Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Ley 26160 Los indígenas irrumpen la invisbilidad en la agenda pùblica argentina



Escrito por Daniel Gutman
Los reclamos territoriales de cientos de comunidades indígenas, que se extienden por casi toda la extensa geografía argentina, irrumpieron sorpresivamente en la agenda pública de un país construido por y para descendientes de colonizadores y de inmigrantes europeos, acostumbrado a mirar como ajenos a los pueblos originarios.
Todo comenzó con la desaparición de Santiago Maldonado, un artesano de 28 años que el 1 de agosto participaba en la sureña y patagónica provincia de Chubut en una protesta del pueblo indígena mapuche, que fue desalojada de manera violenta por una fuerza de seguridad. Desde entonces, nada se sabe sobre su paradero.
Ese hecho movilizó a amplios sectores de la sociedad y sacó de las sombras un conflicto que en los últimos años ha provocado numerosos hechos de violencia pero al que históricamente se le ha prestado poca atención.
“El relevamiento de los territorios indígenas de Argentina ya tendría que estar hecho y hoy deberíamos estar estudiando la titulación. Tenemos que trabajar en la fuerte discriminación que no solo existe de parte de las autoridades y los principales medios de comunicación, sino también de sectores de la sociedad”: Belén Leguizamón.


“Ojalá el hecho desgraciado de Santiago Maldonado sirva para que en la Argentina se entienda que es necesario y posible encontrar soluciones legales y políticas a la cuestión indígena”, dijo Gabriel Seghezzo, director de la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz (Fundapaz).
“Es imprescindible trabajar para desactivar los conflictos, porque si no la violencia va a continuar”, agregó a IPS el máximo dirigente de la organización que trabaja para mejorar las condiciones de vida de las comunidades que viven en la porción argentina del Chaco, el gran bosque subtropical que se extiende hacia Paraguay y Bolivia.
Fundapaz fue una de las organizaciones que trabajó durante más de 20 años en un reclamo de territorios rurales en la provincia noroccidental de Salta, que culminó en 2014, cuando el gobierno local transfirió la propiedad de 643.000 hectáreas a las familias que las habitaban.
Se reconoció la propiedad comunitaria sobre 400.000 hectáreas a integrantes de los pueblos indígenas wichi, toba, tapiete, chulupí y chorote, mientras que las restantes se otorgaron en condominio a 463 familias campesinas criollas.
Ese suceso, sin embargo, fue apenas una excepción feliz, ya que la enorme mayoría de las comunidades indígenas del país no tienen título de propiedad sobre sus tierras.
Hace 10 años, el Estado  lanzó el Programa Nacional de Relevamiento Territorial Indígena, en el que se registraron 1.532 comunidades. Al día de hoy, solo 423 tienen concluido el relevamiento, aunque no cuentan con título de propiedad, y hay otras 401 que están en proceso.
Según el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), esas 824 comunidades reclaman que se les reconozcan como ancestrales 8.414.124 hectáreas. Es una superficie mayor a la de varios países del continente, como Panamá o Costa Rica, pero que equivale solo a aproximadamente tres por ciento de los 2.780.400 de kilómetros cuadrados del territorio argentino.
En el resto de las comunidades, ni siquiera se inició el relevamiento.
Así, el Estado argentino está en deuda con su propia Constitución Nacional, que reconoce “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas” y garantiza no sólo “el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural”, sino también “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan”.
Esos principios fueron incorporados a la Constitución en 1994, durante la última reforma, y marcaron un cambio de paradigma fenomenal para una nación que históricamente consideró al indio un elemento extraño, al que había que someter.
De hecho, antes de 1994, la ley fundamental de Argentina instruía a las autoridades a “conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión de ellos al catolicismo”.
Sin embargo, el extraordinario avance sobre el papel parece haber traído pocas mejoras concretas para los indígenas, cuyo peso numérico en la población argentina es difícil de establecer.
En el último Censo Nacional, en 2010, se reconocieron como pertenecientes o descendientes de un pueblo indígena 955.032 personas, 2,38 por ciento de la población total registrada entonces, de 40.117.096 habitantes.
Pero se cree que los indígenas son más, ya que no todos quieren reconocerlo, debido a la histórica discriminación que han sufrido. Los pueblos originarios con mayor población son los mapuches, en el sur, los tobas, en el Chaco, y los guaraníes, en el noreste.
“Luego de la reforma constitucional que reconoció a los pueblos indígenas, hemos tenido 23 años de fracaso absoluto de las políticas públicas para resolver la cuestión indígena. Ha habido una fatal demora de todos los gobiernos que pasaron en este tiempo”, dijo Raúl Ferreyra, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires.
Para Ferreyra, “los conflictos territoriales tienen una matriz clara, que son el avance descontrolado del monocultivo de soja, en el norte del país, y la extranjerización de enormes superficies de tierra, en el sur”.
“Lo que se necesita es diálogo, pero no hay voluntad ni herramientas”, aseguró en su diálogo con IPS.
Lo sucedido con la cuestión de las tierras es un buen ejemplo de la distancia que hay entre las normas y la realidad.
En noviembre de 2006, el legislativo Congreso Nacional sancionó la Ley 26.160 de Comunidades Indígenas, que estableció la “emergencia en materia de posesión y propiedad de los territorios indígenas” por cuatro años.
Durante ese lapso –que debía utilizarse para determinar cuáles son las tierras ancestrales de las comunidades, como paso previo a la titulación- quedaban prohibidos los desalojos, aun con orden judicial.
Sin embargo, no se avanzó en el relevamiento, a pesar de que el Congreso alargó los cuatro años del plazo original dos veces, y los convirtió en 11.
La última prórroga vence en noviembre y decenas de organizaciones sociales de todo el país han pedido su renovación hasta 2021, mientras el Congreso comenzará a debatir la suerte de la ley el 27 de este mes
El reclamo fue respaldado por cientos de intelectuales, a través de una carta pública en la que señalaron que “en la Argentina resulta cada vez más incompatible el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre sus territorios ancestrales con la expansión de los territorios rentables para el capital”.
De acuerdo a un estudio de la organización Amnistía Internacional, existen en el país 225 conflictos que involucran a comunidades indígenas, casi todos por cuestiones territoriales.
En 24 de ellos hubo hechos de violencia con intervención de fuerzas de seguridad, e incluso muertos. Como Javier Chocobar, dirigente de una comunidad diaguita de la también noroccidental provincia de Tucumán, por cuyo asesinato, en 2009, todavía no hay culpables.
“En todos estos años, muchos jueces han seguido ordenando desalojos de comunidades indígenas a pesar de lo dispuesto el Congreso Nacional. Por eso creemos que si la emergencia no se prorroga la situación va a empeorar”, explicó Belén Leguizamón, coordinadora del área de Derechos Indígenas de la organización Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales (ANDHES).
A su juicio, “la ley es un paraguas con agujeros, pero un paraguas al fin”.
“El relevamiento de los territorios indígenas de Argentina ya tendría que estar hecho y hoy deberíamos estar estudiando la titulación. Tenemos que trabajar en la fuerte discriminación que no solo existe de parte de las autoridades y los principales medios de comunicación, sino también de sectores de la sociedad”, planteó a IPS.
A título de ejemplo, detalló que “en las escuelas de la Argentina se sigue enseñando que los pueblos indígenas pertenecen a un pasado que ya no existe”. 
Fuente: Inter Press Service - 20 de Septiembre de 2.017

El legado de Atahualpa Yupanqui y los pueblos originarios



Pinturas rupestres en un alero de la serranía de Cerro Colorado, Córdoba (foto de www.turismoencordoba.net).
La casa-museo del recordado cantautor y antiguas pinturas rupestres son los mayores atractivos de Cerro Colorado, en el norte de la provincia de Córdoba.
Cuando se sale de la ruta 9, a 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba, se entra en la zona mítica de Atahualpa Yupanqui, que refirió pueblos, describió paisajes e inauguró una región imaginaria conocida como Cerro Colorado.
Ese límite impreciso lo marca Santa Elena, donde la llanura seca y chata empieza a despertar a los cerros. Al oeste corre la cadena montañosa de Ambargasta. A 11 kilómetros de la ruta, bordeado por las tortuosas ramas del mato y otros arbolitos empecinados, el camino se va acomodando a los caprichos de un río. Al final asoma Cerro Colorado, la localidad, y más adentro el propio cerro.
El cerro no sorprende por su color ni por su altura. Es un montículo cónico tapizado de piedras, arbustos y pastizales, que, cuando uno se va acercando, deja ver unos socavones. Allí asoman sus entrañas coloradas. Esos huecos cavados por el tiempo, las escasas lluvias y una brisa gozosa conforman los famosos aleros que atesoran las señales vitales de los pueblos originarios que habitaron la región.
Cerro Colorado atrae por las pictografías que asombran y emocionan y una de las casas que habitó el gran trovador Atahualpa Yupanqui, ubicada en la espalda del cerro, si se mira desde el pueblo. Más allá de los hitos, el visitante descubre un pueblo encantador, desparramado en medio de las serranías y marcado por la omnipresencia del arroyo de Los Molles y, sobre todo, del río Los Tártagos, un curso de agua transparente y manso que siembra verde a su paso y construye el ideal de los tomadores de mate y los hacedores de asado. Las parrillas públicas, bajo las sombras de talas y molles, son una tentación.
Este lugar, donde el sabor de la tradición toma perfiles casi bucólicos, está encajonado en la Reserva Cultural Natural Cerro Colorado. Con una superficie de 3 mil hectáreas, es considerado uno los yacimientos arqueológicos y pictográficos más importantes y bellos del continente. Los aleros y las cuevas, que utilizaron los pueblos nativos para dejar testimonio de su arte y su forma de vida, son una particularidad de estos cerros, accesibles para casi todo el mundo. A través de sólidas pasarelas de madera, el visitante se adentra en ese mundo natural, a veces agreste, otras de una belleza delicada y serena.
El frente de la casa donde vivió Atahualpa Yupanqui, en Cerro Colorado, Córdoba (foto de Claudio Elías).
La localidad toma su nombre del cerro, bautizado así por el ligero tono rojizo de las areniscas. Piedra, verde, cuevas y agua en movimiento dibujan un escenario que invita a permanecer sin levantar la voz. El monte, cerrado a veces, espinudo en ocasiones, conserva las palmas, el manzano de campo y los piquillines, característica del bosque chaqueño serrano.
Los originarios comechingones y sanavirones habitaron alternativamente estas tierras. Los primeros son reconocidos por haber ocupado zonas montañosas, mientras los sanavirones tenían su conglomerado más importantes cerca de la laguna de Ansenuza (Mar Chiquita), que asoma a unos 100 kilómetros hacia el este.
Unos y otros dejaron marcas en los aleros color ladrillo, donde son notorios las pictografías, dibujos realizados en tres colores, como en otras culturas originarias de Latinoamérica: blanco, negro y rojo, aunque es difícil encontrar inscripciones realizadas con este color. Las pictografías fueron consumadas en diferentes períodos. Unos cien aleros naturales cobijan más de 3 mil pictografías rupestres, que datan de hace unos 1500 años. Las más recientes fueron hechas hace unos 400 años.
Llama la atención que muchas pictografías son muy accesibles a los visitantes. Si bien están protegidas y no se permite ingresar sin un guía, solo se requiere el esfuerzo mínimo de subir unas pequeñas cuestas para llegar. De gran valor arqueológico, la zona fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1961. Para acceder al recorrido gratuito hay que registrarse en el Museo Antropológico, a metros del camino Yupanqui.
Los dibujos representan la fauna del lugar, como llamas, guanacos, búhos, yaguaretés y víboras. El sol, los pájaros y las “reuniones” dejan lugar a historias y suposiciones que rondan lo fantástico. En algunos casos, por su orientación en las cuevas es posible arriesgar que las figuras respetan una “jerarquía mágica”. Por ejemplo, el cóndor es interpretado por algunos como un tótem. Los turistas agitan su imaginación y descifran contenidos sobrenaturales en las imágenes del sol, aves o danzas, en las que todos parecen abrazados.
Las pictografías también registran las batallas, en las que sobresale el “flechero”, un guerrero con un tocado de plumas. Los conquistadores montan sus caballos, excesivamente largos si se los compara con las vicuñas. Da cuenta, quizás, de la sorpresa que generó ese animal entre los pueblos originarios.
Si bien es una reconstrucción, en una esquina del pueblo, un artesano instalado hace casi 20 años diseñó una Casa “pozo”, que reproduce el tipo de vivienda subterránea de los grupos étnicos de la zona. La dimensión dependía del tamaño de la familia. En algunas hasta se guardaban los animales. El pozo estaba cubierto por un techo de palos tipo rancho, impermeabilizado con paja y barro. Por una contribución voluntaria, los visitantes pueden informarse sobre estas costumbres y recorrer el lugar, decorado con cueros, calabazas, utensilios de barro y las “cocinas”, perforaciones en las paredes para preparar los alimentos.
De noche, el cerro se torna lechoso. Don Gigena, aquerenciado en ese paisaje, dice: “Mire la energía que tiene”. Se refiere a cómo, aun en una noche cerrada y con un cielo encapotado, el cerro muestra su perfil blancuzco recortado sobre la oscuridad. Es curioso cómo esas piedras, que de día no llaman la atención, de noche se aclaran y delimitan el perfil del cerro.
Detrás, por un camino que bordea su falda, se accede a la casa del cantor. Hay que caminar un kilómetro por un sendero perfumado. En auto son 2 km por un camino con menos sorpresas. Se divisa una tranquera y, detrás y debajo, una gran casa. No se ve el río, por lo cual el lugar se denomina Agua Escondida. Sin embargo, no bien se baja unos metros se descubre el caprichoso curso del rio Los Tártagos, que parece acomodar su cauce -un rumor cristalino bordeado de piedras verdes- a la casa y sus terrazas escalonadas.
El cerro y el pequeño poblado están ubicados a 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba.
Atahualpa Yupanqui llegó a Cerro Colorado en 1938 y quedó hechizado por sus encantos. Fue su residencia alternativa durante muchos años, hasta que la dictadura lo obligó a mudarse a París, donde murió en 1992, añorando quizás ese paisaje rojizo con sonido de pájaros y los perfumes de las florcitas amarillas del espinillo.
La casa es ahora un museo, el gran imán de Cerro Colorado. Bajo un cedro europeo que plantó cuando nació su último hijo fueron esparcidas las cenizas del cantor: una pirca señala el lugar y una placa que mira hacia el río lo nombra. Al igual que a su amigo entrañable, Santiago Ayala, El Chúcaro, que descansa junto a él.
El Centro Cultural Agua Escondida acoge una guitarra de Yupanqui, su bombo, algunos de sus libros, fotos dedicadas por los más grandes artistas del siglo y un sinnúmero de objetos que guardaba con devoción. Y el piano de Nenette, su esposa franco-canadiense Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick, a la que había conocido en 1942 en Tucumán y que compuso con él decenas de canciones con el seudónimo Pablo del Cerro. En ese piano sonó por primera vez “Luna tucumana” y decenas de composiciones inolvidables.
Sentarse en los patios permite recuperar algo de ese mundo de ondulantes serranías, trinos de pájaros y relinchos lejanos que vienen de otro mundo. Cruzando el río, la imponente falda del cerro muestra sus entrañas ferrosas y su orgulloso pasado: la memoria del poblador originario. Como dice Atahualpa, “que muy mucho ha caminado / y ahora vive tranquilo / y en el Cerro Colorado.”
Fuente: Clarin (Buenos Aires) – 21 de Septiembre de 2.017

jueves, 21 de septiembre de 2017

21 de Septiembre Día Internacional de la Paz






El Camino..


Piden a legisladores nacionales de Misiones que insistan con prorrogar la Ley 26160



La Cámara de Representantes de Misiones aprobó el Proyecto de Comunicación del diputado Martín Sereno (Pays) que solicita a los legisladores nacionales por esta provincia que gestionen la prórroga de la Ley 26.160, de Emergencia en Materia de Posesión y Propiedad de Tierras de las Comunidades Originarias del país.

La propuesta del Pays busca la prórroga de esta ley en la sesión del 27 de septiembre en la Cámara Alta y solicita que de agregarle algunos aspectos a la normativa, “los legisladores nacionales estén en consonancia con los derechos de estos pueblos y consensuen con ellos. La intención es que el Gobierno de Misiones se expida a través de sus legisladores en favor de votar afirmativamente la prórroga de la norma en cuestión”, expresó el diputado Sereno.

En consonancia con este pedido, un grupo de guaraníes juntan firmas en las comunidades asentadas en Misiones con el objeto de elevar una nota en el mismo sentido al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y por su intermedio, al Congreso Nacional, reclamando la prórroga de la norma sobre la Emergencia Territorial.


Relevaron apenas el 40 por ciento de los territorios indígenas
Si bien el senado votó la Preferencia para tratar este tema en la sesión del 27 de septiembre, la semana pasada fracasó la confirmación de la prórroga de esta Ley que pierde vigencia el 23 de noviembre. Algunos senadores solicitaron la prórroga sobre tablas, la propuesta obtuvo 33 votos negativos, 11 positivos y 10 abstenciones.
El diputado sereno dijo que acompañan “las justas demandas de los pueblos originarios y sus legítimos derechos respecto a la necesidad de prorrogar la Ley 26.160, sobre Emergencia Territorial Indígena, que ordena relevar los territorios indígenas en Argentina, que apenas llegó al 40 por ciento del total, y frena los desalojos hasta que finalicen esos relevamientos”.

Sereno entiende que esta prórroga podría ayudar a descomprimir, también, el difícil clima de confrontación y violencia que se vive en el país, impulsado por el Gobierno nacional, desde la desaparición forzada de Santiago Maldonado durante un corte de ruta llevado adelante por mapuches del Pu Lof Cushamen, en Chubut, el pasado 1 de agosto, y que fuera reprimido por la Gendarmería Nacional.

La Ley 26160 es un instrumento fundamental para las comunidades indígenas: frena los desalojos a las comunidades que habitan sus territorios ancestrales y exige el relevamiento técnico-jurídico-catastral de la situación dominial de las tierras. Sin esta herramienta, las comunidades quedan desamparadas ya que la norma pierde vigencia en noviembre próximo.

Alertan, en ese sentido, que están en juego más de ocho millones de hectáreas distribuidas por todo el país, los intereses de gobernadores y de privados, el derecho de los indígenas a reclamar sus tierras y la función que debe cumplir el Estado. Además, saca a la luz la falta de registro formal de las comunidades y el valor, en términos de recursos naturales de éstos territorios.

“No esperamos otra cosa que en la sesión prevista de Tratamiento Preferencial del 27 de septiembre el Senado finalmente no siga demorando más la sanción de disposiciones que como esta, contribuyen a ir aliviando y solucionando, aunque sea en parte, todo lo atinente a las tierras y territorios de los pueblos indígenas, la gran deuda histórica que para con ellos tienen el Estado, el gobierno y la sociedad”, dijo el diputado Sereno.

Recordó que en todo el territorio nacional las comunidades indígenas originarias son “sistemáticamente violentadas, perseguidas y criminalizadas por el Estado nacional y los Estados municipal y provinciales, hecho que se traduce en represiones, desalojos, detenciones y asesinatos de líderes de la comunidad, por reclamar por el legítimo derecho a sus tierras ancestrales”, explicó.
Misiones tiene más de cien comunidades
Según el diputado Martín Sereno, desde la entrada en vigencia de esta norma, en 2009, sólo el 60 por ciento de las aldeas fueron relevadas y hubo presiones e irregularidades para que las comunidades firmen relevamientos inexactos”, lo que originó que en la actualidad todavía la mayoría de las comunidades están asentadas en terrenos privados, sin título de propiedad, emergidos a un constante hostigamiento a ser desalojados.

Pero demás, sostuvo, algunas comunidades sufrieron intento de desalojos violentos donde perdieron recursos naturales vitales para su cultura ancestral, “como es el caso de las comunidades Kokureì y Chapaì, que aún siguen con hostigamientos y amedrentamiento por parte del municipio de San Ignacio”, según se observa en la fotografía que ilustra esta nota.

Sobre la posición de los legisladores de la tierra colorada en el tratamiento de este tema, manifestó que “nos hace daño que dos senadores por Misiones se hayan negado a acompañar este tema a favor de los pueblos originarios, y nos llama la atención que estos senadores, sabiendo que en Misiones hay más de cien comunidades Mbya guaraní, hayan votado en contra de la prórroga”, finalizó.
Fuente: Misiones Plural (Posadas-Misiones-Argentina)-18 de Septiembre de 2.017

Los indígenas cuidan mejor la Amazonía que los gobiernos, según la Universidad de Cambridge y el Ministerio de Ambiente de Perú


Investigadores de la Universidad de Cambridge, la Universidad de East Anglia y funcionarios del Ministerio de Ambiente de Perú publicaron hoy en el Scientific Report un estudio que midió la efectividad de tres estrategias de conservación para la Amazonia peruana entre 2006 y 2011: Áreas protegidas por el Estado, Territorios Indígenas y Concesiones, esto es la alianza entre un ente privado y el Estado para explotar o conservar un territorio. El estudio midió qué tanto se evitaba o disminuía la deforestación y la degradación del bosque de acuerdo a cada figura de protección.

Este es el primer estudio que compara los impactos de las Áreas Protegidas, la conservación en Territorios Indígenas, las Concesiones a Privados y los territorios sin protección en cuanto a efectividad. Entre otras, es el primer documento que prueba que la sociedad civil tiene un efecto positivo en la conservación de los bosques. Por su biodiversidad y riqueza en oro y maderas, la Amazonía peruana se convirtió en el perfecto caldo de cultivo para examinar.

Los científicos, liderados por la doctora Judith Schleicher, encontraron que todas las estrategias de protección de la selva tropical tenían un impacto positivo en la conservación del bosque tropical, comparadas con las áreas no protegidas, pero que dentro de los Territorios Indígenas los bosques se conservan más, lo que sugiere que esta sería la estrategia más efectiva combatir la deforestación.

Sin embargo, ninguna estrategia es inmune a los efectos antropogénicos. Entre 2006 y 2011 las tasas de degradación del bosque tropical fueron más altas en Concesiones privadas y en Territorios Indígenas que en Áreas Protegidas. En consecuencia, estos últimos son más efectivos en materia de conservación. Según el estudio, la minería era responsable entre un 11% y un 19% de la deforestación de la zona y la explotación de maderas, del 24% al 70%. Algunos de los territorios estudiados donde se hacía minería y tala de maderas estaban dentro de Áreas Protegidas, en cambio, la explotación es menor en Territorios Indígenas, aunque existe.

En Brasil sucede algo similar. Las Áreas Protegidas por el Estado son más vulnerables a la deforestación que los Territorios Indígenas, tanto porque son más grandes como porque el control y la vigilancia son menores. “La gobernanza forestal local puede ser igual o más eficaz que los regímenes estatales centralizados”, dice el estudio Funcionamiento de la conservación de diferentes regímenes de gobernabilidad de la conservación en la Amazonía peruana.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que las concesiones de explotación forestal activas destinadas a la extracción de madera reducían la probabilidad de deforestación y degradación de los bosques en comparación con las áreas no designadas como tal. Este hallazgo parece sorprendente ya que las prácticas convencionales de tala en el Perú son ampliamente consideradas como insostenibles.

Este hallazgo, aunque extraño, se entiende en la medida en que si se talan los bosques maderables y no los bosques nativos, se cumple la demanda de madera y se obliga a reforestar, de modo que la deforestación no avanza más allá de los límites preestablecidos. No obstante, el estudio no descarta que muchas veces los permisos para la concesión de madera son utilizados para legalizar la cosecha en áreas no autorizadas.
“Este estudio demuestra que el tipo de restricciones de uso de la tierra y los arreglos de gobernabilidad en el paisaje más allá de los límites de las Áreas protegidas por el gobierno son importantes cuando se determinan los impactos de diferentes intervenciones de conservación, y por lo tanto merecen más atención”, dice el documento.



“La investigación muestra que no hay una sola manera de proteger los bosques tropicales, y múltiples enfoques son necesarios para detener la incesante marea de la conversión del bosque y la degradación”, dijo el co-autor del estudio, Carlos Peres, del departamento de Ciencias Ambientales de la UEA, para el portal científico Phys.

Los investigadores sugieren que a) se reduzca la complejidad y lentitud de los procesos para designe un Territorio Indígena en el Perú; b) se priorice esta figura de conservación, tanto para la conservación de la biodiversidad como de la diversidad cultural. “Esto es importante a la luz del bien conocido interés político de resistir o descentralizar el poder para devolver el control de los bosques y otros recursos naturales a las personas que los cuidan”.

La preocupación global por la pérdida de biodiversidad, ecosistemas (y sus servicios) y territorios humanos han resultado en esfuerzos internacionales para reducir la deforestación. La mayoría de las estrategias han sido la creación de Áreas Protegidas controladas por los Estados. Hoy hay unas 202,467 áreas declaradas bajo esta figura. Sin embargo, la deforestación continúa siendo imbatible.

Fuente: El Espectador (Colombia) – 13 de Septiembre de 2017

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Controversia e identidad mapuche


Escrito por Julio Vezub
El autor es investigador independiente, Conicet. Profesor titular de Historia Argentina II (1852-1930), FHCS-UNPSJB. Vicedirector del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas
Los araucanos-mapuches, sin entrar en detalle sobre los etnónimos o las denominaciones étnicas que han ido variando con los siglos, o según quiénes las aplican, tienen presencia histórica en los territorios actuales del centro-sur de Argentina y Chile. El registro arqueológico y genético identifica la continuidad poblacional a ambos lados de la cordillera, y muestra la existencia de ancestros mapuches en Neuquén y la Pampa central desde hace al menos mil años de antigüedad. Debe recordarse que la conformación de los Estados nacionales argentino y chileno es posterior a dichas identidades poblacionales.
Dentro de un complejo proceso de mestizaje e hibridación con las poblaciones mapuches, los patagones-tehuelches practicaron una territorialidad trashumante al sur del río Limay-Negro durante los siglos XVIII y XIX.
Tres precisiones complementarias:
-Igual que en el caso araucano-mapuche, donde coincide más de una denominación, se debería hablar de "pampas" o "gunüna küne" entre los ríos Negro y Chubut, y de "aónikenk" más al sur. "Tehuelche" es un vocablo en lengua mapuzungún o "mapuche", lo que demuestra dichos intercambios y contactos culturales.
La expansión de la Argentina hacia la Patagonia data de las décadas de 1870 y 1880, por lo tanto, el territorio argentino no siempre fue "nuestro", y es resultado de conquistas a expensas de las poblaciones originales, mapuches y tehuelches.
-En tanto alumno doctoral de Casamiquela, puedo afirmar que su conocimiento de las lenguas tehuelches, en plural ya que hay más de una, era importante pero parcial. No fue el último hablante ilustrado, ya que el uso doméstico y cultural de estas lenguas persiste entre familias gunüna küne y aónikenk actualmente existentes, y nuevas generaciones de estudiosos contribuyen a la recuperación de estas.
Calfucurá escribió, en 1861, desde Salinas Grandes: "Yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco yo soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel [de Rosas] porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como treinta años que estoy en estas tierras". "Chileno" y "Chile" eran atribuciones imprecisas que se aplicaban a cualquier persona o región cordillerana del sur. La territorialidad nuclear del linaje era el volcán Llaima, en el límite actual entre los dos países, un territorio autónomo durante la mayor parte del siglo XIX. Calfucurá y Namuncurá tenían orígenes tehuelches para Casamiquela. En lugar de "gran invasión", debería hablarse de intensificación de las migraciones o sedentarización mapuche en las pampas, que fue un proceso previo a 1833. Data de las revoluciones de independencia y el desmoronamiento del Imperio español, y se refuerza con el acuerdo entre Calfucurá y Rosas, que les permitió a ambos un nuevo sistema de control territorial del sur bonaerense apoyado en los lazos parentales preexistentes entre poblaciones pampeanas y cordilleranas de distintas etnias. Rosas combinó alianzas y subordinación de mapuches y tehuelches con matanzas sistemáticas. Efectivamente, "lonco" es el nombre que los mapuches dan al cacique. Por su parte, Roca denominó a otro de los grandes loncos, Valentín Saygüeque, "el último de los mohicanos".
El malón, la captura de recursos ganaderos, la cautividad y la violencia fueron características de las guerras de independencia y de caudillos, no solamente de los indígenas. Los hacendados mendocinos y bonaerenses también participaban de los arreos hacia Chile con los indígenas de distintas etnias como intermediarios. El comercio y las raciones estatales a los "indios amigos" reemplazaron al saqueo como fuente principal de esta economía ganadera a partir de Rosas, pero el número de 50 mil cabezas fue una exageración de Estanislao Zeballos para justificar las campañas militares de Roca. Deslegitimar a los mapuches actuales por la crueldad de las guerras del siglo XIX es tan absurdo como hacerlo con los provincianos de hoy por las matanzas de sus ancestros cordobeses, riojanos, porteños o santafecinos en las guerras entre unitarios y federales.
Si bien es cierto que los mapuches predominaron demográfica y militarmente sobre los tehuelches, hay fuentes de época muy calificadas, como el viajero inglés George Ch. Musters o el primer gobernador de la Patagonia, Álvaro Barros, que muestran que los tehuelches como guerreros no quedaban a la zaga, y que las guerras tribales no solamente se libraban entre etnias diferentes, sino también entre parientes. Todo este proceso se dio en el contexto de las guerras de colonización y formación del Estado. Como se ha dicho, las lenguas tehuelches no han desaparecido, y si los hablantes han mermado, ha sido causa de la Conquista del Desierto que también los tuvo por víctimas.
Mariano Requecura controlaba los pasos Llaima e Icalma en Neuquén porque eran parte de su territorialidad ancestral a ambos lados del límite actual entre las naciones. La cordillera de los Andes es ancha además de larga, hubo y hay familias que habitan en la cordillera, además de en uno u otro lado. Hasta la década de 1960 continuaban con su ganadería de invernada y veranada, yendo y viniendo entre campos de pastoreo de ambos lados de la frontera.
Sobre los lanceros, los documentos recomiendan prudencia: más apropiado es referirse a cientos, que solamente podían reunirse articulando confederaciones entre loncos o caciques.
Francisco P. Moreno hablaba de mapuches, entre otras fuentes autorizadas como la correspondencia del cacique Saygüeque, quien encabezó entre 1860 y 1880 la Gobernación Indígena de las Manzanas, con núcleo en Neuquén, y que fuera reconocida por Roca entre otras autoridades nacionales. He aquí un antecedente para la negociación de políticas entre el Estado nacional y los planteos autonomistas de carácter indigenista. La palabra "mapuche" es anterior al siglo XVIII, y es recogida por el padre Andrés Febres en su diccionario de 1765. Los topónimos en lengua mapuzungún son otro indicador de la antigüedad histórica mapuche en la Patagonia y las pampas bonaerenses. Los etnónimos "puelche" y "ranculche" (o ranquel) comparten el sufijo "che", 'gente'.
La sangre no es el único ni el principal componente de la identidad. La identidad se construye cultural e históricamente, y se trasmite en relaciones de colaboración, intercambio y conflicto con otros. La apreciación de rasgos fenotípicos como la tez es un indicador muy subjetivo, y que ha caído en desuso para los antropólogos, tanto culturales como biólogos. La categoría "blanco" es completamente imprecisa, más aún en un país donde los estudios demuestran que más del 50% de la población tiene genes indígenas. Muchos mapuches son y se definen como criollos y tienen su apariencia. La combinación de apellidos galés y mapuche evidencia el proceso de mestizaje que se ha dado en la Patagonia.
Los mapuches son descendientes de mapuches. Algunos de sus ancestros eran nacidos dentro de los límites actuales de Chile, y otros dentro de los de las provincias de Neuquén, Mendoza, San Luis, La Pampa, Buenos Aires, Río Negro y Chubut, cuando ni Chile ni la Argentina eran siquiera proyectos de nación. Los mapuches tienen los mismos derechos que los argentinos de origen piamontés, napolitano, sirio o africano. Entre otros, el derecho a reclamar la restitución de todo aquello que les fue arrebatado por la fuerza durante y después de las campañas militares de 1880. También los asiste el reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos establecido en la Constitución Nacional, y el convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, ratificado por la Argentina en el año 2000, que establece en su artículo 14: "Deberá reconocerse a los pueblos interesados el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan".
Fuente: Infobae – 20 de Septiembre de 2.017

martes, 19 de septiembre de 2017

Nuestras Raíces


Escuela Jasy Porã, Aprendizaje colaborativo



Fomenta el aprender a aprender.

Los alumnos construyen su propio conocimiento a través de la interacción con sus compañeros y la búsqueda de soluciones. 


Fotografía: Aprendizaje Colaborativo en la Escuela Intercultural Jasy Porã

Imagina…


Imagina, ve o siente que tienes dentro de ti la capacidad de crear un mundo más humano, armonioso y justo. Ahora, toma una respiración profunda en conexión con la poderosa inocencia que habita tu corazón, y sopla tres veces permitiendo que de ese aliento de vida salgan burbujas de coherencia, de paz y de amor para ti, para mi, para todos!

Gracias! Gracias! Gracias!

Giselle Guerra